Dubai Telegraph - Bitcoin hundido: Caída récord

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Bitcoin hundido: Caída récord




La criptomoneda más famosa del mundo vivió a comienzos de febrero de 2026 el golpe más duro de su existencia. Tras alcanzar un máximo histórico cercano a los 126 000 dólares en octubre de 2025, el bitcoin se desplomó el 5 de febrero hasta tocar los 60 062 dólares, su nivel más bajo en dieciséis meses y una caída superior al 50 % desde el pico. El descenso situó el precio por debajo de los 70 000 dólares por primera vez desde marzo de 2024 y borró casi la mitad de la capitalización acumulada durante el año anterior.

Este desplome no fue un hecho aislado. Durante la última semana de febrero el bitcoin volvió a retroceder de 68 000 a 65 500 dólares, arrastrado por el aumento de las tensiones en Oriente Medio, que encendieron el temor a un conflicto que podría afectar al comercio global. La racha bajista llevó al activo a cerrar febrero con un descenso de más del 25 % desde principios de año. El 27 de febrero el precio cayó hasta 65 130 dólares en cuestión de horas, mientras se evaporaban 40 000 millones de dólares de valor de mercado.

Aversión al riesgo y clima regulatorio
Analistas coinciden en que la principal causa de la caída fue un cambio global hacia la aversión al riesgo. La reelección de Donald Trump en 2024 había impulsado el precio del bitcoin al récord de 2025, pero el entusiasmo se desvaneció cuando los mercados descontaron expectativas de políticas fiscales menos expansivas. En febrero de 2026 predominó el pesimismo en los mercados tecnológicos y una reducción del apetito por activos volátiles. La persistente falta de avances de la ley CLARITY para regular las criptomonedas en Estados Unidos alimentó la incertidumbre; el proyecto seguía estancado en el Senado, lo que presionó al precio y frustró a los inversores.

A la inquietud regulatoria se sumaron los retiros masivos de los fondos cotizados (ETF) de bitcoin, que registraron salidas netas de 4 000 millones de dólares en las primeras cinco semanas del año. La ola de liquidaciones forzadas se tradujo en pérdidas realizadas récord, estimadas en miles de millones de dólares, y llevó al indicador de miedo y codicia del mercado cripto a niveles de “extremo miedo”.

Tensiones geopolíticas y refugio en el oro
El descenso de febrero estuvo acompañado por factores geopolíticos. El rechazo de Irán a las demandas estadounidenses sobre su programa nuclear disparó el temor a una intervención militar y desató ventas generalizadas de activos de riesgo. Ante la perspectiva de que un cierre del estrecho de Ormuz paralizara el flujo de petróleo, muchos inversores se refugiaron en oro, que subió con fuerza y eclipsó la narrativa del bitcoin como “oro digital”.

Perspectiva macroeconómica y fin de la exuberancia
La macroeconomía tampoco ayudó. El aumento de los tipos de interés en Estados Unidos encareció el financiamiento y redujo la liquidez global, condiciones que históricamente han perjudicado al mercado de criptomonedas. Además, la fortaleza del dólar y el retroceso simultáneo del precio del oro en los primeros días de febrero crearon un cóctel perfecto de volatilidad.

Investigadores de Wolfe Research recordaron que en ciclos bajistas anteriores el bitcoin llegó a caer 75 % desde su máximo, por lo que advirtieron que un retroceso tan pronunciado como el de febrero podría no haber tocado fondo. Según sus cálculos, si la historia se repite el precio podría acercarse a los 30 000 dólares.

Reacciones del mercado y sentimiento público
La magnitud del desplome generó reacciones intensas en redes sociales. Numerosos inversionistas minoristas expresaron temor por la volatilidad y cuestionaron el futuro de la moneda, mientras algunos analistas de renombre, como Michael Burry, reiteraban que el bitcoin no tiene valor intrínseco y podría seguir cayendo. Otros críticos, como Peter Schiff, volvieron a predecir que la criptomoneda podría llegar a cero.

Sin embargo, voces optimistas recordaron que, tras cada gran caída, el bitcoin ha protagonizado fuertes recuperaciones. Después del descenso de 2014, la moneda se revalorizó un 35 % al año siguiente; tras el invierno cripto de 2018, el repunte fue del 95 %; y después del mercado bajista de 2022 la subida superó el 150 %. Además, el informe de Glassnode indicó que, pese al vacío de demanda alrededor de los 70 000 dólares, se acumuló más de 400 000 BTC en la banda de 60 000 a 69 000 dólares, lo que sugiere la presencia de compradores de largo plazo que continúan defendiendo el nivel.

¿Se acerca el fin o un nuevo comienzo?
A mediados de marzo de 2026 el bitcoin seguía cotizando cerca de 66 000 dólares y había encadenado cinco meses de pérdidas, su racha negativa más larga desde 2018. La caída ha puesto a prueba la idea de que la criptomoneda actúa como refugio contra la inflación y ha alimentado el debate sobre su utilidad real. Los críticos ven la corrección como señal de que el bitcoin es un activo puramente especulativo, mientras que los defensores subrayan la adopción institucional creciente y la visión de un ecosistema financiero descentralizado.

Aunque el panorama inmediato parece sombrío, la historia sugiere que la volatilidad extrema es inherente al bitcoin y que los ciclos de auge y caída forman parte de su evolución. El próximo halving previsto para 2028 podría volver a reducir la oferta y actuar como catalizador a largo plazo. Entretanto, los analistas recomiendan cautela: quienes decidan mantenerse en el activo deberían prepararse para oscilaciones violentas, y aquellos que entren por primera vez deben entender que la recuperación podría tardar meses o años. En cualquier caso, la mayor caída de la historia del bitcoin no cierra la discusión sobre su futuro; al contrario, la reaviva con más intensidad que nunca.



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Ultimátum de Trump y crédito

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Sin embargo, observadores internacionales señalan que un ataque a infraestructuras energéticas civiles podría constituir un crimen de guerra y que la retórica belicista no deja espacio para la diplomacia. Aliados regionales, como el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, respaldan la dureza de Trump mientras evitan confirmar si se unirán a la eventual operación.El estrecho de Hormuz: arteria vital bajo amenazaEl estrecho de Hormuz ha sido históricamente un punto de estrangulamiento. Nunca antes había sido bloqueado por completo, y su cierre actual amenaza con provocar la mayor conmoción energética desde la década de 1970. Buques cisterna que habitualmente transportan un quinto del petróleo mundial hacia el Océano Índico están atrapados, lo que reduce la oferta global y empuja el precio del barril. Expertos en energía señalan que el peligro no reside únicamente en el encarecimiento del crudo, sino en su efecto sobre la inflación y las tasas de interés.La amenaza de destruir centrales eléctricas iraníes si Teherán no obedece refleja la estrategia de “paz mediante la fuerza” que promueve Trump. La reacción de Teherán ha sido desafiante: la Guardia Revolucionaria iraní ha atacado objetivos en Oriente Medio e incluso en la base conjunta de Diego García en el Océano Índico, demostrando su alcance de misiles. Para Irán, bloquear el estrecho es una carta de negociación; cuanto más dure el shock energético, mayor será la presión global para un acuerdo.El pánico que se propagó al crédito privadoLa crisis geopolítica no solo repercute en los mercados de petróleo. Uno de los sectores más afectados es el del crédito privado, también llamado “banca en la sombra”. Este mercado de 2 billones de dólares se basa en fondos que prestan directamente a empresas fuera de los circuitos bancarios tradicionales y que, en teoría, ofrecen rendimientos estables con cierta liquidez. En realidad, se trata de activos ilíquidos con vencimientos de tres a siete años, y una ola de rescates masivos puede obligar a vender préstamos a precios de saldo o a bloquear las salidas.A principios de marzo, gigantes como BlackRock y Blackstone anunciaron que sus fondos estrella, HLEND y BCRED, activarían “gates” o restricciones a los reembolsos, después de recibir solicitudes por valor de 1 200 millones y 3 700 millones de dólares, respectivamente. Morgan Stanley limitó los rescates en su North Haven Private Income Fund tras peticiones que equivalían a casi el 11 % de las participaciones. Estas medidas dejan a muchos inversores sin poder recuperar sus fondos, pese a haber creído que tenían liquidez diaria.La situación estaba incubándose desde hace meses, pero el conflicto en Oriente Próximo fue el catalizador que desató el pánico. La subida del crudo por encima de 90 dólares y los temores a un repunte de la inflación asustaron a inversores que ya veían señales de desaceleración económica. Datos de la Reserva Federal de Atlanta mostraron en marzo una fuerte revisión a la baja del crecimiento esperado, y el Departamento de Trabajo notificó una contracción de 92 000 empleos en febrero. Ante estos titulares y la perspectiva de una recesión, los inversores minoristas corrieron a vender sus participaciones en fondos de crédito privado.El resultado ha sido un derrumbe de los bonos emitidos por fondos semilíquidos, que han caído a mínimos de un año. 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La combinación de una desaceleración económica y una caída de valoraciones —denominada por algunos analistas como el “doble disparo de Davis”— impacta directamente en la capacidad de los fondos para cumplir con sus obligaciones.La crisis también expone fallos regulatorios. Las autoridades permitieron que estos productos proliferaran sin exigir a los distribuidores que explicaran claramente sus riesgos. Ahora, con el pánico desatado, los gestores instan a los inversores a mantener la calma. Algunos bancos privados recomiendan mirar más allá de los titulares, diversificar las carteras y mantener un horizonte de inversión de seis meses o más, recordando que las guerras en el Golfo no suelen ser eternas.Voces de la calle: miedo, apoyo y escepticismoMás allá de los datos financieros, la conversación pública revela una sociedad polarizada. En las redes sociales y en los comentarios sobre el vídeo de análisis que popularizó el ultimátum de Trump, abundan tres tipos de reacciones. 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