Dubai Telegraph - Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura

EUR -
AED 4.26405
AFN 74.30922
ALL 95.30941
AMD 427.799026
ANG 2.078793
AOA 1065.866889
ARS 1659.456457
AUD 1.640447
AWG 2.091707
AZN 1.979207
BAM 1.961757
BBD 2.3382
BDT 142.793598
BGN 1.96324
BHD 0.437529
BIF 3448.571704
BMD 1.161076
BND 1.490526
BOB 8.02236
BRL 5.875274
BSD 1.160925
BTN 110.363121
BWP 15.628456
BYN 3.212054
BYR 22757.082644
BZD 2.33489
CAD 1.621709
CDF 2664.668957
CHF 0.921389
CLF 0.026539
CLP 1044.492266
CNY 7.862226
CNH 7.845655
COP 4055.091523
CRC 528.103604
CUC 1.161076
CUP 30.768505
CVE 110.600843
CZK 24.112697
DJF 206.737766
DKK 7.474157
DOP 68.166991
DZD 154.649499
EGP 59.350817
ERN 17.416135
ETB 182.934888
FJD 2.597561
FKP 0.866029
GBP 0.863428
GEL 3.082697
GGP 0.866029
GHS 12.886129
GIP 0.866029
GMD 84.758308
GNF 10169.881185
GTQ 8.849873
GYD 242.887536
HKD 9.098264
HNL 31.043264
HRK 7.533871
HTG 151.790918
HUF 351.294648
IDR 20538.673463
ILS 3.353654
IMP 0.866029
INR 109.80234
IQD 1520.818015
IRR 1597497.856512
ISK 144.196505
JEP 0.866029
JMD 184.018779
JOD 0.823164
JPY 185.859202
KES 150.277979
KGS 101.53542
KHR 4664.162887
KMF 494.617922
KPW 1044.968487
KRW 1753.293506
KWD 0.357773
KYD 0.967538
KZT 567.693821
LAK 25563.624804
LBP 103966.798669
LKR 389.201824
LRD 211.291594
LSL 18.90982
LTL 3.428355
LVL 0.702324
LYD 7.399469
MAD 10.75245
MDL 20.275567
MGA 4844.711128
MKD 61.607973
MMK 2437.034389
MNT 4154.200857
MOP 9.369952
MRU 46.043814
MUR 54.71001
MVR 17.949689
MWK 2013.112885
MXN 19.942598
MYR 4.697742
MZN 74.190868
NAD 18.90982
NGN 1579.887588
NIO 42.71972
NOK 11.015647
NPR 176.581195
NZD 1.983442
OMR 0.446438
PAB 1.160925
PEN 3.948189
PGK 5.083436
PHP 70.180038
PKR 323.001906
PLN 4.239685
PYG 7108.585458
QAR 4.243987
RON 5.235639
RSD 117.359194
RUB 84.182335
RWF 1704.876916
SAR 4.35845
SBD 9.341519
SCR 17.203453
SDG 697.232638
SEK 10.874228
SGD 1.487855
SHP 0.86686
SLE 28.620794
SLL 24347.179995
SOS 663.514785
SRD 43.551363
STD 24031.921651
STN 24.574622
SVC 10.157845
SYP 128.336127
SZL 18.894373
THB 37.827264
TJS 10.819955
TMT 4.075376
TND 3.405942
TOP 2.795592
TRY 53.71728
TTD 7.885946
TWD 36.602327
TZS 3044.518011
UAH 52.020261
UGX 4353.218694
USD 1.161076
UYU 46.89239
UZS 13904.220632
VES 675.697074
VND 30521.776021
VUV 137.208716
WST 3.1854
XAF 657.954902
XAG 0.016586
XAU 0.000269
XCD 3.137865
XCG 2.092253
XDR 0.816673
XOF 657.954902
XPF 119.331742
YER 277.028792
ZAR 18.769769
ZMK 10451.080738
ZMW 20.281586
ZWL 373.865884
Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura
Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura / Foto: Yasuyoshi Chiba - AFP/Archivos

Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura

Cada mes de abril, coincidiendo con las conmemoraciones del genocidio de 1994, Agatha, una ruandesa de etnia tutsi, apagaba la radio, se metía en la cama y se quedaba allí, tan inmersa en sus pensamientos que una vez su hija Agnes, de diez años, le preguntó si era una de las víctimas.

Tamaño del texto:

Fue la abuela de Agnes quién respondió a la pregunta. Y la respuesta la dejó helada. "Grité e inmediatamente empecé a tener miedo de mi madre, porque sentía que yo era una herida en su alma", recuerda Agnes, que ahora tiene 28 años.

De niña, se enteró de que su madre y su abuela formaban parte de las al menos 250.000 mujeres y niñas que, según datos de la ONU, fueron violadas por extremistas hutus durante el genocidio contra la minoría tutsi.

Debido al estigma asociado a la violación genocida, los nombres de ambas mujeres se han cambiado, a petición suya.

Agatha fue violada y secuestrada por un excompañero de clase hutu durante los 100 días que duró la masacre, que dejó 800.000 muertos, mayoritariamente tutsis, pero también hutus moderados.

Solo tenía 17 años cuando dio a luz, en Tanzania, adonde su violador la obligó a huir con él por temor a las represalias de la milicia rebelde tutsi que tomó el poder en julio de 1994, el Frente Patriótico Ruandés.

El agresor murió poco después.

Los familiares de Agatha la instaron a matar al bebé, pero ella se negó. Y, sin embargo, cada vez que miraba a Agnes lo hacía con dolor, por el futuro al que tuvo que renunciar.

Agatha soñaba con ser veterinaria para poder encargarse del gran rebaño de vacas de su familia.

- Discriminación -

Durante su infancia, la discriminación era el pan de cada día, incluso en la escuela, donde sus profesores hutus no ocultaban su desdén hacia los estudiantes tutsis.

Pero ella nunca se hubiera podido imaginar que un día vería a su padre siendo asesinado ante sus ojos y sus restos arrojados en una letrina por un vecino suyo, hutu.

En 1996, cuando volvió a Ruanda desde Tanzania, todo había cambiado. Las vacas se habían ido, el dinero era escaso y Agatha era "una niña que tenía una niña", como ella misma dice.

"Dios la crio, yo no. Yo no tenía las capacidades", explica Agatha, de 45 años, a la AFP.

A Agnes, su familia le dio de lado por ambas partes: sus parientes por parte de padre, hutus, la llamaban "serpiente" (una retórica estatal que atizó las masacres) y sus familiares por parte de madre la acusaban de perpetuar el linaje de los autores del genocidio.

A los 16 años, se fue de casa y trabajó como mesera y trabajadora sexual.

No regresó a su aldea natal, en el distrito de Ngoma, en el este, hasta 2018, cuando su primer esposo las abandonó a ella y a su hija al descubrir que Agnes era "fruto de una violación".

Se volvió a casar y tuvo otro hijo. En los cinco años siguientes, madre e hija llevaron una convivencia difícil, sin hablar sobre su pasado.

- Un largo camino por delante -

Los nacidos de una violación, que la oenegé Survivors Fund cifra en 20.000, no son reconocidos como víctimas de genocidio por el gobierno.

En 2020, la asociación Interpeace, radicada en Ginebra, empezó a organizar unos talleres para tratar el trauma generacional en Ruanda, un proyecto llamado "Mvura Nkuvure" ("Cúrame, yo te curo", en idioma kinyarwanda).

El año pasado, Agatha aceptó participar en uno. Durante tres meses, apenas habló, pero, al escuchar los relatos de los otros asistentes, se dio cuenta de que ella no era la única que vivía con una historia que estaba desesperada por olvidar.

Al poco, su hija empezó a asistir a sesiones con otro grupo. Desde el primer día, tomó la palabra, y durante las siguientes sesiones habló, habló y habló. "Me sentí aliviada (...) porque dije cosas que siempre me había asustado decir", relata.

La vergüenza que había arrastrado durante años empezó a disiparse, así como el enfado que sentía hacia su madre. "Me di cuenta de que todo lo que ella no me dio tampoco lo tuvo para sí", explica.

Clenie, el moderador que supervisó los talleres, dijo a la AFP que el proceso estaba destinado a ayudar a los participantes a "encontrar un terreno de entendimiento".

"Ruanda todavía tiene un largo camino por delante para curarse, pero hemos hecho algunos avances", apuntó.

Casi 30 años después del genocidio, Agatha afirma sentirse más fuerte de lo que se había sentido en años.

"Hay imágenes que no puedes borrar, no importa cuán fuerte lo intentes. Pero soy lo suficientemente valiente como para sobrellevar los malos recuerdos cuando aparecen".

I.Viswanathan--DT