Dubai Telegraph - La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa

EUR -
AED 4.330578
AFN 75.468553
ALL 95.370831
AMD 434.26718
ANG 2.110613
AOA 1082.496254
ARS 1649.279971
AUD 1.625347
AWG 2.125489
AZN 2.009303
BAM 1.955202
BBD 2.368676
BDT 144.305864
BGN 1.967008
BHD 0.444064
BIF 3500.4294
BMD 1.179189
BND 1.491244
BOB 8.126515
BRL 5.795828
BSD 1.17604
BTN 111.057033
BWP 15.789171
BYN 3.323484
BYR 23112.111202
BZD 2.365277
CAD 1.612129
CDF 2670.864298
CHF 0.916177
CLF 0.026704
CLP 1050.508704
CNY 8.019372
CNH 8.014083
COP 4394.855841
CRC 540.634648
CUC 1.179189
CUP 31.248518
CVE 110.231286
CZK 24.334582
DJF 209.425947
DKK 7.476537
DOP 69.938609
DZD 156.038276
EGP 62.195977
ERN 17.68784
ETB 183.631137
FJD 2.574218
FKP 0.865474
GBP 0.864889
GEL 3.154379
GGP 0.865474
GHS 13.247948
GIP 0.865474
GMD 86.674958
GNF 10318.844
GTQ 8.979254
GYD 246.064742
HKD 9.234999
HNL 31.264438
HRK 7.538916
HTG 153.972908
HUF 353.981307
IDR 20491.303919
ILS 3.421187
IMP 0.865474
INR 111.345548
IQD 1540.628801
IRR 1546506.829043
ISK 143.873347
JEP 0.865474
JMD 185.35331
JOD 0.836092
JPY 184.753623
KES 151.883547
KGS 103.085327
KHR 4718.556838
KMF 492.90156
KPW 1061.251335
KRW 1723.751231
KWD 0.36279
KYD 0.9801
KZT 543.543758
LAK 25791.111834
LBP 105315.489444
LKR 378.634195
LRD 215.803997
LSL 19.293799
LTL 3.48184
LVL 0.71328
LYD 7.436725
MAD 10.75591
MDL 20.110849
MGA 4912.497521
MKD 61.621153
MMK 2476.100645
MNT 4223.124889
MOP 9.4824
MRU 47.006623
MUR 55.210091
MVR 18.163925
MWK 2038.876413
MXN 20.255648
MYR 4.623647
MZN 75.362436
NAD 19.293799
NGN 1609.593864
NIO 43.276764
NOK 10.859513
NPR 177.691653
NZD 1.976185
OMR 0.453611
PAB 1.17604
PEN 4.066156
PGK 5.193412
PHP 71.358689
PKR 327.765953
PLN 4.239717
PYG 7183.802847
QAR 4.298685
RON 5.21945
RSD 117.334114
RUB 87.543025
RWF 1724.072695
SAR 4.44258
SBD 9.456429
SCR 17.539736
SDG 708.107537
SEK 10.86706
SGD 1.494509
SHP 0.880384
SLE 29.067455
SLL 24727.006491
SOS 672.094441
SRD 44.100547
STD 24406.83871
STN 24.492509
SVC 10.290853
SYP 130.375396
SZL 19.281103
THB 37.973479
TJS 10.972544
TMT 4.127163
TND 3.415955
TOP 2.839205
TRY 53.473293
TTD 7.970562
TWD 36.927538
TZS 3063.662984
UAH 51.6595
UGX 4406.652233
USD 1.179189
UYU 46.905654
UZS 14265.63688
VES 588.693738
VND 31022.113342
VUV 139.685143
WST 3.192143
XAF 655.756438
XAG 0.014675
XAU 0.00025
XCD 3.186819
XCG 2.119552
XDR 0.815551
XOF 655.756438
XPF 119.331742
YER 281.384102
ZAR 19.315959
ZMK 10614.123377
ZMW 22.390152
ZWL 379.698489
La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa
La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa / Foto: Olivier MORIN - AFP

La vida decadente del oso polar lejos de la banquisa

En la Bahía canadiense de Hudson, en pleno verano, los últimos pedazos de hielo son como confetis en el agua azul. Un oso toma el sol frente a las olas, lejos de la banquisa, y de sus presas, las focas.

Tamaño del texto:

De poco le sirve su pelaje blanco para camuflarse. A su alrededor, la costa es casi plana, con rocas, hierbas altas, sauces con flores violetas, y árboles endebles que luchan contra el viento para crecer.

Los osos de la región viven un periodo crítico.

Cada año, desde finales de junio, cuando el hielo desaparece, se ven obligados a vivir en esta orilla y a ayunar. Un ayuno cada vez más largo y peligroso para ellos.

Una vez en tierra firme, "los osos suelen tener muy pocas opciones para alimentarse", explica Geoff York, biólogo de Polar Bear International (PBI).

Este estadounidense acude varias semanas al año a Churchill, un pueblo a las puertas del Ártico en la provincia canadiense de Manitoba, para ver cómo evoluciona este animal en peligro de extinción.

Se pueden ver fácilmente, desde vehículos todoterrenos adaptados a la tundra o desde lanchas en la Bahía de Hudson.

Un equipo de la AFP acompañó a Geoff York a principios de agosto en una de estas expediciones.

Cerca del impresionante macho tumbado al sol hay restos de espinas. Nada a la vista que quite el hambre a este animal de unos 3,5 metros y alrededor de 600 kilos de peso.

"En algunos lugares pueden encontrar un cadáver de ballena beluga o una foca imprudente cerca de la orilla, pero la mayoría de las veces ayunan y pierden alrededor de un kilo por día", afirma el científico.

En el Ártico el calentamiento global es tres veces más rápido que en otras partes del mundo, o incluso cuatro veces, según los estudios más recientes.

Poco a poco la banquisa, es decir las placas de hielo flotantes que constituyen el hábitat del oso polar, va desapareciendo.

Según un informe publicado en Nature Climate Change en 2020, esto podría provocar casi la extinción de este animal: de 1.200 osos polares en la década de 1980 en el oeste de la bahía de Hudson se ha pasado a unos 800 en la actualidad.

- Hambre en verano -

En verano la banquisa comienza a derretirse cada vez más temprano y en invierno la glaciación se retrasa. Los efectos del calentamiento global rompen los ritmos.

Ven reducida la posibilidad de acumular reservas de grasas y de calorías antes de que pasen hambre en verano.

El oso polar u oso blanco, también llamado Ursus maritimus, es un carnívoro que se alimenta principalmente de la grasa que envuelve el cuerpo de las focas.

Pero ahora, durante el verano, este depredador del Ártico se ve obligado a veces a comer algas.

Fue lo que le ocurrió a una osa y su osezno, cerca del puerto de Churchill, autoproclamado la "capital del oso polar".

El límite fuera del hielo "para las hembras, encargadas de alimentar a sus crías que amamantan hasta los dos años, ronda los 117 días" frente a los 180 de los machos, cuenta el estadounidense Steve Amstrup, científico jefe de PBI.

El número de nacimientos disminuye y cada vez es más raro que las hembras tengan tres crías, como solía ocurrir antes.

Un mundo decadente que Geoff York, de 54 años, conoce muy bien después de haberse pasado más de 20 años recorriendo el Ártico para la organización ecologista WWF y luego PBI.

Dos décadas salpicadas por alguna que otra cicatriz, como la que le dejaron en la pierna unos colmillos durante una captura en Alaska. O sustos, como aquella vez que se dio de bruces con una hembra en una guarida que pensó que estaba vacía. Aquel día este hombre tranquilo gritó "más fuerte que nunca".

Ahora el oso polar es un coloso con pies de barro.

En la Bahía de Hudson, "los osos polares permanecen en tierra en promedio un mes más que sus padres o abuelos".

"Cuando se debilitan físicamente, se arriesgan más para encontrar comida, incluso acercándose a las personas".

- Patrullas en la ciudad -

Prismáticos en mano, el oficial provincial de salvaguardia de la fauna Ian Van Nest avista las rocas que rodean Churchill, "donde a los osos les gusta esconderse".

En esta localidad de 800 habitantes, inaccesible en coche, los osos se han acostumbrado desde hace unos años a frecuentar el vertedero, fuente de comida fácil, pero nefasta, para ellos.

Se les ha visto haciendo trizas las bolsas de basura, comiendo plástico o hurgando en latas de conserva mientras los desechos están siendo quemados.

Desde entonces se han tomado precauciones. El vertedero se ha convertido en uno de los lugares mejor vigilados, con cámaras, vallas y patrullas.

Por toda la ciudad, las puertas de los coches y de las casas permanecen abiertas por si hubiera que refugiarse para escapar del carnívoro terrestre más grande.

Y en los muros figura el número de emergencia para contactar con Ian o sus colegas.

Cuando suena el teléfono de alerta se ponen en marcha: suben rápidamente a la camioneta armados con un rifle, repelente en aerosol y chaleco antibalas.

Ian Van Nest, treintañero de ojos azules, se toma muy en serio su cometido, que se ha vuelto crucial con la proliferación de plantígrados cerca de la ciudad.

"A veces tienes que aturdir al oso, a veces basta con tocar la bocina", cuenta a la AFP durante una inspección.

"Si hay que salir del coche, usamos las balas disuasorias. Le disparamos cerca (de donde se encuentra), no queremos herirlo".

Algunas zonas están más vigiladas que otras, especialmente en las inmediaciones del colegio antes de que abra, "para asegurarse de que las familias estén tranquilas".

El último mal recuerdo se remonta a 2013, cuando una mujer resultó gravemente herida por un oso frente a su casa. Salvó la vida por poco, gracias a que su vecino salió en pijama y pantuflas armado con una pala de nieve.

A veces deben capturar al animal y transportarlo por aire más al norte o ponerlo tras las rejas hasta el invierno.

La única cárcel de Churchill es para osos: 28 celdas, a veces llenas en otoño, cuando los osos merodean en masa por los alrededores de la ciudad, a la espera de que el hielo vuelva a formarse en noviembre.

- "Aire acondicionado" -

El caso del oso polar debería alarmarnos porque el Ártico es un buen "barómetro", sostiene Flavio Lehner, profesor de ciencias terrestres y atmosféricas en la Universidad Americana de Cornell, que también participó en la expedición.

Desde la década de 1980, la banquisa se ha reducido casi un 50% en verano, según el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (National Snow and Ice Data Center).

"Vemos aquí algunos de los cambios más significativos" en el mundo, dice el científico suizo.

Esta región es fundamental a mayor escala porque "es una especie de aire acondicionado del planeta gracias a este importante mecanismo de retroalimentación del hielo marino y la nieve en general", afirma.

Y es que un cambio en los casquetes polares modifica la temperatura de la superficie de la tierra: el hielo y la nieve son muy reflectantes, es decir su albedo (capacidad de reflejar una radiación) es alto. Y a más efecto albedo más se rebota la energía hacia la atmósfera y la superficie se calienta menos.

Cuando el Ártico pierde esta capacidad reflectante, la temperatura global en su conjunto se resiente.

Así, cuando el hielo marino se derrite, la superficie oceánica mucho más oscura que lo reemplaza absorbe, por el contrario, el 80% de la radiación solar, acelerando el calentamiento, añade Flavio Lehner.

Hace unos años, los científicos temían que la banquisa estival del Ártico alcanzara rápidamente un "punto de inflexión" climático y desapareciera permanentemente una vez superada cierta temperatura.

Los últimos estudios demuestran que el fenómeno es reversible. "Si un día conseguimos que las temperaturas bajen de nuevo, el hielo marino volverá", explica el científico.

Sin embargo, hoy en la región "todos los ecosistemas, sin excepción, se ven afectados" por los efectos del calentamiento global, explica la bióloga Jane Waterman de la universidad de Manitoba.

El permafrost, suelo que permanece congelado durante dos años consecutivos, ha comenzado a derretirse y en Churchill el paisaje ha cambiado, con consecuencias nefastas para la vida silvestre.

Toda la cadena alimentaria se ve amenazada, con la aparición de otros animales como los zorros rojos o los lobos que ponen en peligro a las especies árticas.

Según el científico canadiense, "nada se salva del cambio", desde los virus o las bacterias hasta las ballenas.

- Refugio estival de belugas -

Ni siquiera las belugas, que durante el verano migran por millares desde las aguas del Ártico hasta la Bahía de Hudson para refugiarse.

Hay pequeñas ballenas blancas por doquier, avanzando en pequeños grupos. Les gusta perseguir a los barcos de los científicos que han venido a estudiarlas.

Las más pequeñas, de color gris, se apoyan a lomos de sus madres en este estuario de aguas relativamente más cálidas donde pueden protegerse de las orcas y encontrar comida.

Pero en "algunas zonas del Ártico, la beluga tiene menos presas a su disposición", explica Valeria Vergana, una investigadora argentina que estudia estas ballenas.

"La ausencia de banquisa impide que el fitoplancton sobreviva y, por lo tanto, que alimente el zooplancton, que nutre a los peces grandes", explica la científica de Raincoast Conservation Foundation.

Las belugas tienen que sumergirse mucho más para encontrar comida, lo que requiere más energía.

En la bahía de Hudson les acecha un nuevo peligro: algunas predicciones estiman que a partir de 2030 los barcos podrían navegar allí todo el año debido a la reducción del hielo marino.

La contaminación acústica es un problema importante para la especie, apodada "canarios de mar" por la forma en la que se comunican (silbidos, chasquidos, zumbidos...).

El sonido les permite comunicarse pero también situarse, encontrar su camino y comida, explica Valeria Vergana.

Gracias al hidrófono del barco, el "Beluga Boat", las conversaciones de las profundidades salen a la superficie.

La investigadora de 53 años, especialista en este "complejísimo sistema de comunicación", es capaz de reconocer en particular los gritos de las madres para mantener el contacto con sus crías.

Una comunidad bulliciosa, que no se sabe cuánto resistirá en estas circunstancias.

Los científicos están alarmados. Muy lejos de la banquisa, este verano boreal se vio a una beluga en el río Sena, en Francia, y en mayo a un oso polar en el sur de Canadá.

C.Masood--DT